Horas de encierro y clausura
Los barrotes de tu recuerdo
frenan la luz del albor del día
Mis gritos no se oyen
Silenciados por el silencio
Que los arrulla y encadena.
Las horas se enredan en regueros
Que esquivan las puntiagudas piedras
De la solera judía para llegar
A los naranjos del patio
Enlazadas entre sí, una tras otra
Despacio, despacio, muy despacio.
Una y otra y otra y una, lentamente.
Las venas del día enredadas en las ramas
Desnudas aún, de los árboles.
Besan las incipientes hojas
semicubiertas por la piel del brote.
Y cuando los lamidos barrotes dejan
Pasar el día ya es oscuro y húmedo.
Y se abren las ventanas del corazón
Y las valvas de los postigos
Se abren y se cierran, y se abren, y se cierran
Una y otra vez y otra y una, enérgicamente
Deprisa, deprisa, muy deprisa.
Y acabamos la oración con un amén
Que no es un final, que es el principio
De otra hora, de otro día, de otro mes.
Y cuando me libere de los recuerdos
No se habrá perdido el tiempo
Habremos aprendido a amar mejor.