Optimismo viejo amigo
facilmente gestionable.
Venzamos al pesimismo que
sin costumbre ni pericia,
se me escapa de las manos.
Usemos un viejo recurso:
el ardid, el cuento;
entre otras:
narración corta no sin moraleja
y quimera o desazón
de cuento acepciones son.
Tómese según la torpeza
de nuestro entendimiento.
Erase que se era
una despensa llena.
Con numerosos custodios
que de espaldas,
consumían leves viandas
de las que su preñez presumía.
Los pequeños
de los estantes bajos
a los que alcanzaban, cogían.
Los grandes, de las del medio,
las altas y las de más arriba.
Lo que no era de esperar
es que hubiesen convertido
cada anaquel, cada balda
cada entrepaño,
en ataudes de la nada.
Todos ellos
grandes y pequeños,
testigos de excepción del expolio,
partícipes del reparto de nuestra ilusiones,
nuestras esperanzas,
del bienestar,
del futuro de los demás.
Esta alacena preñada,
chinero de finas piezas,
vasar desalojado
o leja yerta de puertas de cristal que
otrora la abundancia empaña;
ahora vacío y triste
limpio y tranparente no es otro
sino de la exhausta España
abortado referente.
Y pretenden de nuevo los insaciables
con beneplácito y aportación general
con nuestros votos,
volverlo a llenar.
"Pues mire usted"
como dicen los charlatanes de feria,
-¡No,
con mi voto, no!
Podrá usted convencer a su madre,
pero a mi no.-
Aunque seductoramente enseñes
otro armario repleto
de camisas viejas,
chaquetas vueltas y jirones de rancia ropa
como closed de refernecia
de la "Nueva Europa".