lunes, 24 de febrero de 2014

Desde la convalecencia

En mis largas horas de espera
de verde esperanza,
donde una raja deja al descubierto otra,
he oído las voces de resignación,
de inseguridad, despreciar los detalles.
Calladas por las de arrogancia,
de consuelo y de sosiego.
He oído los tonos de la tecnología
acompasando los impulsos vitales.
Órganos de estrépito sordomudo
acompañados por dulzainas cortas.
He oído el siseo del miedo
atravesando las indemnes gasas
que tabican los boxes.
He percibido el estremecer
de los cuerpos desnudos
cuando este los alcanzaba.
He oído silbar la nebulosa que
a la nada te transporta.
Y el silencio y luego nada.
Súbitamente voces que
a respirar me llamaban
Sí, es dura la estancia pero
respira, respira, no te olvides.
Mientras luchaba contra los párpados,
buscaba en vano los sonidos,
los colores del dolor.
Cuatro floretes dejaron su huella
Cuatro puñaladas bandas
y ni rastro de molestias y vivo.
¿Para que sirve entonces el temor?
Hay que vivir el momento,
que cuando no lo viva……
¿ Dónde estaré yo?

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