Noble caballero de Gracia
elegido para el desempeño
del ministerio eclesial
Por su tío
Don Juan.
Enamorado de Martos
frecuentó sus calles,
sus gentes, sus doncellas.
Cautivado por el amor,
No puede resistirse a virtudes
en la trastienda del horno de la Rosa.
Como las moscas en la miel,
Sin voluntad ni conciencia
ni compromiso reciente,
preso de su espíritu quedó
Le vieron volver con la rosa de su mano
Se fue haciendo un jardín con trabajo,
con cuentas, con dedicación.
Tanto esfuerzo produjo un premio
un fruto temprano.
Mientras, la monarquía marchitaba
apoyada y precipitada
por voces de dictado,
Soplaban del nordeste
aires de libertad y voces del pueblo.
Los padres del pensamiento
hicieron de cortavientos, cayendo
ceniza sobre los viejos sillares.
diversos y dispersos los pensares.
Tres años tardaron los escolares
en escribir los nuevos dictados.
Y todo volvió al nuevo son.
La historia quedó extraviada
y se contó a capricho del dictador.
El caballero, gentilhombre,
un lustro y medio sin guía, solo,
recuperó sombría tradición.
Púrpura y blanco sus colores
De farolillos la iluminación
proyecta, en las paredes de cal,
las tenebrosas sombras
hacia el oscuro firmamento, en forma
de lanza, flecha, ogiba de misil.
Y al final de la calle del sol
El jueves del plenilunio cuarto,
en el llanete del santo cristo,
cierra los ojos si quieres verlo,
rodeado de sus virtudes,
en el zaguán del número cuatro.