miércoles, 25 de abril de 2012

Alba en la campiña

Albor de la mañana,
aún de noche teñido .
Susurro de la brisa
aún dormida y sorda.

Algunos labriegos tempranos,
luces artificiales distraídas
arrancadme de mi encierro
que daros quiero las manos.

Sueños que aún recuerdo,
vaga memoria activa.
Si en la gran urbe muero
en el campo siento la vida.

Jacinto y Apolo


A mi amigo
 Jacinto y Apolo

Pensamiento embebido de inercia estática,
espíritu libre que entre estelas viaja.
Jacinto, efímera flor de un día
que nadie pudo segar.

Voló cuando sólo las élites podían,
surcó los cielos minados
de nubes esponjosas,
de cimas coronadas por inmaculadas nieves,

meciéndose en las turbulencias
y perdido en el tumulto de las terminales.
Fino portafolios por equipaje
Moderno caballero andante,
fino y austero.

De fino trazo la barba.
Escultura fina su cuerpo, finas sus manos,
de fino ingenio y vetusta visión del mundo.
Austero en sí mismo, austero en su vivir,
austero en su estar… y en su yacer.

Quijote de La Alcarria,
de arcanos pensamientos,
como aquel del Siglo de Oro, desechó el oro,
no gustaba de usar moneda
y en trueque, con dibujos pagaba.

Con los molinos por fondo,
Se retrató cual sombra chinesca,
tras el perfil de una dama morena,
debiendo haber sido Morena la Sierra
y Don quijote montado en ella.

Altivo, siempre esperando no sé qué.
Fruncido el ceño sin renuncia del mañana,
enmudeciendo su madurez, su valía
y reservando, nadie sabe por qué,
como en el antiguo Egipto,
la heredad para otra vida.

No se doblegó 
a las lenguas vernáculas,
Embajador de la lengua romance,
del castellano de su Alcarria.

Dicen que tuvo varias
posadas en Germania
Pero una, sólo una fue 
“La posá de L’alcarria”

Allí encontró
regazo donde refugiarse,
amamanto para su infante,
Dulcinea a quien amar
y amado…. lo fue bastante.

Sin yugo, sin nudos, ni cuerdas,
se ató sin raíces a un paisaje
de nieve, bosques y hiedra.
Ahora se lo disputan la selva y la sierra.

No se si te irás o te quedarás,
nunca he sabido si vienes o si vas.
Si te quedas estaremos contigo y si te vas,
algo de nosotros contigo se irá.

Como antaño, en la noche de los tiempos,
Céfiro envidioso, 
ha desviado el halo
que Dios te envía de regalo.

Protégete con tus aromáticos pétalos,
vístete con sus colores,
dibújate en viento
y sigue las áureas turbas
del disco en movimiento.