A mi amigo
Jacinto y Apolo
Pensamiento embebido
de inercia estática,
espíritu libre
que entre estelas viaja.
Jacinto, efímera
flor de un día
que nadie pudo segar.
Voló cuando
sólo las élites podían,
surcó los
cielos minados
de nubes
esponjosas,
de cimas
coronadas por inmaculadas nieves,
meciéndose en
las turbulencias
y perdido en
el tumulto de las terminales.
Fino
portafolios por equipaje
Moderno caballero
andante,
fino y
austero.
De fino
trazo la barba.
Escultura
fina su cuerpo, finas sus manos,
de fino
ingenio y vetusta visión del mundo.
Austero en sí
mismo, austero en su vivir,
austero en
su estar… y en su yacer.
Quijote de
La Alcarria,
de arcanos pensamientos,
como aquel
del Siglo de Oro, desechó el oro,
no gustaba de
usar moneda
y en trueque,
con dibujos pagaba.
Con los
molinos por fondo,
Se retrató
cual sombra chinesca,
tras el
perfil de una dama morena,
debiendo
haber sido Morena la Sierra
y Don
quijote montado en ella.
Altivo, siempre
esperando no sé qué.
Fruncido el
ceño sin renuncia del mañana,
enmudeciendo
su madurez, su valía
y reservando,
nadie sabe por qué,
como en el
antiguo Egipto,
la heredad
para otra vida.
No se
doblegó
a las lenguas vernáculas,
Embajador de
la lengua romance,
del castellano
de su Alcarria.
Dicen que
tuvo varias
posadas en Germania
Pero una, sólo una fue
“La posá de L’alcarria”
Allí encontró
regazo donde
refugiarse,
amamanto para
su infante,
Dulcinea a
quien amar
y amado…. lo
fue bastante.
Sin yugo,
sin nudos, ni cuerdas,
se ató sin
raíces a un paisaje
de nieve,
bosques y hiedra.
Ahora se lo
disputan la selva y la sierra.
No se si te
irás o te quedarás,
nunca he
sabido si vienes o si vas.
Si te quedas
estaremos contigo y si te vas,
algo de
nosotros contigo se irá.
Como antaño,
en la noche de los tiempos,
Céfiro envidioso,
ha desviado
el halo
que Dios te envía de regalo.
Protégete
con tus aromáticos pétalos,
vístete con
sus colores,
dibújate en
viento
y sigue las áureas
turbas
del disco en
movimiento.

Un retrato certero. Me encanta.
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