¡Cómo me duele que puedas
estar pasando por esto!
He pasado media vida sin llorar.
La de enmedio, que necesitó mi entereza.
Ahora, he reencontrado los lacrimales,
y casi he llegado a controlar la lágrimas.
Son
como las copas de alcohol.
Unas pocas, las justas, ayudan
a relajar el
cuerpo y a aliviar el alma de penas.
Pero si te pasas, dejan una
resaca de amargura
que tarda días en volatilizar.
No sueltes más que las justas.
¡ No llores más!
Vaya, Diego, ahora que me había hecho adicto a tu blog de pintura me encuentro este otro de Poesía. Prometo visitarlo con frecuencia.
ResponderEliminarUn abrazo.