llorar es noble.
Cuando sólo por mencionar
el nombre de Machado,
o el de Hernández
o Angel García
o cualquiera otro de los maestros,
se vuelven peces los ojos
o al oír sólo uno de sus versos
o un título
o al ver el Duero, o Granada,
Origüela, Baeza
o el mar
es llorar cuando quiero
es dilatar el corazón
y luego encogerlo
es sentir que se te abre el pecho.
No necesito hierbas
ni píldoras, ni excipientes.
Deja que las serotoninas
sientan la libertad,
que fluyan, que se quemen
Dejadme llorar
sin anudar la garganta.
Ogeid ed Anojra
(..Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.
A. MACHADO)
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