miércoles, 1 de marzo de 2017

Puente Viesgo

A veces, caprichosamente soleado rincón
entre sombríos montes del cordón cántabro.
Sólo rompe el silencio
la brisa que se desliza por el collado
y el murmullo del agua rota
por las piedras que se oponen
del Pas a su paso.

Lugar por cuatro estrellas iluminado
de paz remanso.
Desfile de penitentes
de blanco algodón ataviados
casi descalzos,
recorren los pasillos desde la mañana temprano
Resuenan los nombres llamando,
en los pétreos techos
de planas losas  calizas abovedados.
Húmeda celda con de agua el catre
mordiscos de aire
que por la cervical cremallera escapan
Resuenan de nuevo los nombres
circunscritos en vahos de salto artificial
sobre teselas de bambú
donde vierten halitos de Vulcano
con sabor a hierbas y ambrosias
La piel excrementa las inmundicias
de la inhóspita urbe acumuladas.
Más nombres
Afilados blandos cuchillos
alternan traicioneramente
aguas emanadas del Averno
con las del deshielo recuperadas.

Temprano y tras reponer energías
con el temprano sol iluminando
asomándose tímidamente
entre los restos de la ciclo génesis oceánica,
la mañana transcurre por la acomodada vía,
cuyas traviesas definen nuestro andar,
de la trasnochada locomotora impertérrita
al paso del tiempo
junto a su estación.
Así, espero encontrar la mágica oración
en el Templo del agua
que permita pasar dignamente
los postreros años de mi jubilación.

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